La Grilla

Columna: Entre Chairos y Fifís

Por: Leonardo Torixa Cervantes


En casa del herrero azadón de palo.

En horas recientes, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, nuevamente dejó al descubierto que tras dos años de mandato no ha logrado sacudirse su comportamiento de campaña y ponerse de una vez por todas en el papel de presidente.

El fin de semana la imagen del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, arribando a su natal Tabasco a bordo de un vehículo militar con las manos abiertas para recibir los gritos y aplausos del respetable, dio la vuelta al mundo y el primer mandatario de la nación fue duramente criticado.

Pero más allá del protagonismo presidencial, un vicio propio arraigado entre la clase política mexicana que aprovecha cualquier desgracia social para vestirse de militar, como en su momento lo hizo Felipe Calderón o tomarse fotografías en medio de una inundación como hace algunos años vimos a Enrique Peña Nieto, es la oportunidad que nuevamente desperdició Andrés Manuel López Obrador para ayudar a su pueblo, es decir a sus paisanos, aquellos que lo vieron crecer como político y que hoy se quedaron esperando la ayuda del presidente.

Y es que, en su más reciente visita a su estado natal, López Obrador, nuevamente se limitó a sobrevolar las zonas afectadas por las inundaciones y al llegar con el pueblo, lo hizo con las manos vacías, no llevó un solo paquete alimentario para los miles de damnificados de Macuspana y simplemente se limitó a decirles que serían apoyados por la Secretaría de Marina Armada de México, un discurso viejo y caduco que dejó en las mismas a los que hoy se encuentran en tragedia.

Por si fuera poco, el primer mandatario de la nación, hizo una revelación que para su ideología es inadmisible, “primero los pobres” decía en campaña, y justamente eso es lo que hizo desfogar primero el agua de la presa “Peñitas” sobre las comunidades de las zonas más bajas de Tabasco como: Nacajuca, Jalpa y la zona indígena de Centla, el objetivo salvar Villahermosa, la capital tabasqueña.

Ante este panorama, vale la pena recordar lo que algún día me dijo mi abuela, que pese a no contar ni siquiera con primaria, gozaba de una envidiable preparación empírica, “todos son iguales hijo, los políticos siempre se aprovechan de uno, nos buscan en campaña, cuando quieren nuestro voto y después llegan a la silla y no hay quien los levante”, sabias palabras de doña Cholita.

Nos leemos en la próxima entrega.

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