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OPINIÓN La paupérrima experiencia estadio que ofrece la Liga MX

Por Germán CAMPOS


10 octubre, 2024 7:00 pm

¿Qué ofrece el futbol mexicano para retener a su público? La experiencia de estadio es paupérrima, botargas amorfas que se contonean arrítmicamente, los baños sucios, estacionamientos insuficientes, un pobre uso de las pantallas, dinámicas que no atrapan a nadie y pésimos horarios, entre otras cosas.

Ir a un estadio debería envolver toda una experiencia, dejar un recuerdo positivo, dicen que lo que entra por el corazón se queda en la mente y es verdad. ¿Usted recuerda la última vez que fue al estadio y por qué?

No es solo tener un equipo ganador, sino que, pagar un boleto debería ir más lejos, pues al final se trata de un espectáculo, pero queda mucho a deber y no es el nivel del futbol, eso es harina de otro costal.

¿Qué hacen los equipos para involucrar a sus potenciales clientes? Me refiero a niños y niñas. ¿Qué les ofrecen más allá del juego? ¿Qué están intentando las directivas para hacer que la experiencia estadio sea memorable? Pues muy poquito o nada.

La experiencia comienza desde el estacionamiento, en el caso de Puebla, insuficiente y a manos de mafias que son dueños de los espacios, el cobro es discrecional, como te ven te tratan, “según el sapo, la pedrada”.

Encontrar las butacas empolvadas, sin mayor refuerzo de identidad del equipo.

Las comparaciones son odiosas, pero las directivas mexicanas no les caerá mal ver la experiencia estadio que ofrecen diversos deportes en Estados Unidos y adaptar, según sea posible.

1,2 ,3, 4 pantallas en alto -hasta llegar a tu asiento- muestran los momentos memorables de los equipos, crean lazos, orgullo, aunque las glorias sean de antaño; en las tiendas, los vasos, al menos, tienen algo representativo, un logotipo, un casquito, una pelotita, algo que te hace conservarlo y no transformarlo en basura en minutos.

Es decir, no se trata solo de un juego que puede o no ser emocionante sobre el césped, pero mientras no ajusten los horarios a las realidades de las ciudades y en tanto no ofrezcan más que 22 tipos pateando una bola, todo seguirá a pique.

No es que se muera la gallina de oro, sino que necesitan ponerle reflectores, vestirla de artista y que aprenda a bailar.

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